El padre, antes de morir, sabiendo que le quedaba poco tiempo, le regaló a su querida hija un espectacular jardín de flores. Flores de todos los tipos y colores, y un relog de puslera que sonaba cada vez que había que regarlas. Ellos iban cada día, cada vez que el relog cantaba, a regar las flores, tan coloridas, tan aromáticas. Hasta que llegó el desdichado día en el que el padre de Elisa murió. Y ella cayó en tal depresión, que pensó que tal vez, cuanto mas regara y cuidara las flores que su papi le había regalado, el volvería con ella. Pero no fue así, las flores se murieron, y su padre, nunca volvió.
Y allí pasaba Elisa sus días. Cuando llegaba del colegio se iba directamente a las flores secas, y cada día, las pintaba con temperas de todos los colores, pétalo a pétalo, flor por flor. Combirtiendose en el jardín de flores secas mas bonito y colorido del mundo.
Y al acabar con esto, ella perfumaba cada flor. Con perfumes distinto, hasta de chocolate, el dulce preferido de su papa... La mayoría de veces se le hacía de noche, pero ella cogía su linterna y continuaba, hasta terminar su trabajo de cada día. Pensando que tal vez, algún día su padre vería el jardín desde el cielo y volvería con ella.
Incluso cuando Elisa murió, las flores se pintaban y perfumaban misteriosamente cada tarde. Las mismas flores que un día le regaló su papa...
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