viernes, 29 de abril de 2011

I ♥ FOGUERES

Las hogueras... Muchas personas hablan de ellas, algunas bien, otras mal. Pero poca gente sabe lo que son de verdad. No son una fiesta cualquiera, son un sentimiento y una "tradición". No son 4 dias en los que la gente se va de fiesta, se emborracha y el ultimo se moja con la manguera, es un año de esfuerzos, dedicación y muchas mas cosas, para darle sentido a esos cuatro dias, para que salgan perfectos. Es una forma de vida, y sinceramente, me siento afortunada por vivir de esta forma. Las hogueras... Te ayudan a crecer, te enseñan a afrontar los escenarios. Te enseñan a llorar, pero de felicidad, de melancolia. Hacen que los nervios se combiertan en lo mas maravilloso. Y cada cierto tiempo, juntan a todas las personas que compartimos este sentimiento para hacer las cosas que nos gustan. Mojandonos todos en las paellas, o bailando todos juntos, sincronizados, en el escenario de la plaza de toros, con cientos de ojos mirandonos, y el corazon se te acelera, y aunque llores, tu sonrisa no se va de tu cara ni aunque lo intentes. 
Pero a ellas, solo le puedo dar las gracias. Por que gracias a ellas soy la persona que soy ahora, pero como no, gracias por hacer que mi camino se cruzara con personas maravillosas. Personas que vinieron para qedarse y persona que solo estubieron de pasada, pero al fin y al cabo, personas que han dejado una pincelada en mi vida. OS QUIERO MUCHISIMO 

domingo, 24 de abril de 2011

Como cada viernes por la noche, ahí estaba yo, bailando, sonriendo, en el mismo pub de cada viernes. Cuando alguien me tapó los ojos por detrás y escuché como sonreía. Le cogí las manos, sonreí, me quitó las manos de los ojos y me abrazó con fuerza. Era el, su olor, su calor, sus manos... entonces me di la vuelta y ahí estaba, sonriendo. Con la misma sonrisa de la última vez que lo vi, esa sonrisa que te dice "te quiero". 


- Por fin te encuentro -dijo el, acercando su cara a la mía.
+ Después de que desaparecieras ¿no? -dije, un tanto enfadada.
- Y lo lamento mucho. No he dejado de pensar en ti jamás, has sido siempre el centro de mis pensamientos, mi mayor deseo.
+ Pero no te será fácil, no se me pasará tanto dolor con un simple lo siento.
- Lo se, pero ahora que te he encontrado, al menos... ¿bailaras conmigo? -con esa sonrisa que me vuelve loca, no pude negárselo...


Entonces me agarró de la cintura y yo apollé mi cabeza sobre su hombro y bailamos. No se el tiempo que estuvimos así, por que se me paso volando. Levanté la cabeza, y el acercó la suya. Nuestras caras estaban pegadas, entonces empezó a sonar una canción, la canción. Y él empezó a cantar, silenciosamente, pero lo suficiente como para hacerme sonreír "mi vida no es igual desde que te conocí, como te voy a olvidar". Y llegó la hora de irme... 


- Al final, me e quedado sin mi beso. Eres mala. -me sonrió.
+ Lo se, pero tengo que irme. -y le devolví la sonrisa.


Y justo cuando yo me iba, me agarró la mano. Me acercó y me dio un lijero beso en los labios. Tímido. Sensual. Delicado. Único. Especial. Infantil. Perfecto... 

sábado, 9 de abril de 2011

Flores secas perfumadas

Era una niña preciosa, de tez pálida y pelo negro como el carbón. Sus dulces ojos grises brillaban hasta en la oscuridad y sus mejillas sonrojadas la acompañaban en cada momento. Era una niñita encantadora, educada y muy simpática. Se llamaba Elisa, pero sus amigos la llamaban Eli, o al menos hasta aquel día. Aquel día en el que murió su padre.
El padre, antes de morir, sabiendo que le quedaba poco tiempo, le regaló a su querida hija un espectacular jardín de flores. Flores de todos los tipos y colores, y un relog de puslera que sonaba cada vez que había que regarlas. 
Ellos iban cada día, cada vez que el relog cantaba, a regar las flores, tan coloridas, tan aromáticas. Hasta que llegó el desdichado día en el que el padre de Elisa murió. Y ella cayó en tal depresión, que pensó que tal vez, cuanto mas regara y cuidara las flores que su papi le había regalado, el volvería con ella. Pero no fue así, las flores se murieron, y su padre, nunca volvió.
Y allí pasaba Elisa sus días. Cuando llegaba del colegio se iba directamente a las flores secas, y cada día, las pintaba con temperas de todos los colores, pétalo a pétalo, flor por flor. Combirtiendose en el jardín de flores secas mas bonito y colorido del mundo.
Y al acabar con esto, ella perfumaba cada flor. Con perfumes distinto, hasta de chocolate, el dulce preferido de su papa... La mayoría de veces se le hacía de noche, pero ella cogía su linterna y continuaba, hasta terminar su trabajo de cada día. Pensando que tal vez, algún día su padre vería el jardín desde el cielo y volvería con ella.
Incluso cuando Elisa murió, las flores se pintaban y perfumaban misteriosamente cada tarde. Las mismas flores que un día le regaló su papa...