domingo, 11 de diciembre de 2011

De repente, me miré al espejo y noté algo extraño. Era yo, pero había algo diferente en mi rostro. Con la mente fuera de mis preocupaciones cotidianas y mis problemas, me fui a clase. Le pregunté a varias de mis amigas, pero nadie me notaba nada extraño, excepto yo. Y fueron pasando los días, me daba igual lo que me pasó hace dos meses. solo me preocupaba esa forma nueva y extraña en la que pasaba mis días. Ese mismo sábado me quedé sola en casa durante toda la mañana. Me volví a mirar en el espejo. Seguía con la misma sensación extraña. Entonces cerré la persiana, apagué la luz y me tumbé en la cama. Me quedé un rato mirando las estrellas que pegué una vez por toda la habitación. Y me di cuenta de lo que ocurría, de eso tan extraño. Empezaba a ser feliz. 

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